viernes, 11 de agosto de 2017

Vietnam IV: Hanoi & HaLong Bay & Tam Coc

Nuestra última etapa del viaje era en el norte del país. Cogimos un avión temprano desde Da Nhang (a poco menos de 1h desde Hoi An) hasta Hanoi.

Al llegar fuimos a nuestro hotel, que a pesar de estar en un callejón que a priori, daba un poco de mal rollo, resultó ser un hotelazo. Con ellos contratamos la excursión del día siguiente por la bahía de Halong.

Aprovechamos que llegamos pronto para empezar a descubrir Hanoi. Y otra vez nos encontramos con una ciudad grande, llena de tráfico, caótica pero con el encanto que tiene Asia.

Vimos la catedral, que podría ser la de cualquier ciudad europea perfectamente. Paseamos al rededor de un lago enorme, con la suerte de que al ser domingo toda esa zona era peatonal. Nos fuimos hasta una parte un poco más alejada del centro para poder disfrutar de varios templos. Ya lo he comentado más veces, pero aquí fue otro sitio donde me dejó impactada la paz que se respira dentro de los templos. No se cómo se consigue silencio, nada más entrar en el recinto, cuando fuera el ruido es insoportable.

Una curiosidad de Hanoi, es que tiene una zona donde las calles se dividen por oficios
Está la calle del calzado, donde toooooodas las tiendas son de calzado. La de los relojes, la de las telas, la de las redes de pescar... ¡De todo!

Además esa noche también había un mercadillo nocturno enorme, dónde pudimos encontrar auténticas gangas, como imitaciones buenísimas de converse a 6 euros.











Al día siguiente nos despertamos temprano, ya que venían a buscarnos para llevarnos al crucero. Y cuando llegamos nos quedamos alucinadas, era un barco enorme, y nuestro camarote era precioso. Nos impresionaba muchísimo mirar por la ventana y encontrarnos casi al nivel del agua.

La bahía de Halong es inmensa y está rodeada de montañas gigantes que surgen del medio del mar.

El crucero nos acercó a un pequeño poblado flotante (unas 4 o 5 casa puestas encima de una plataforma en el agua) y desde allí tuvimos la posibilidad de coger un kayak y adentrarnos más entre las montañas. Nos sentíamos tan pequeñitas allí en nuestro kayak biplaza rodeadas de pedruscos enormes y llenos de vegetación.

Al volver al barco continuamos disfrutando del paisaje con una merendola en la parte más alta y a última hora de la tarde hicimos otra parada donde nos dejaron bañarnos. Confieso que daba un poco de mal rollo bañarse ahí en medio de la nada, sin ver lo que había en el agua ni dónde estaba el fondo.

Esa noche nos prepararon una cena buenísima a base de mariscos y estuvimos tomando unos mojitos en la cubierta de arriba rodeados del mágico silencio de la bahía.

A la mañana siguiente nos despertamos a las 6 de la mañana para hacer yoga al aire libre, pero cuál fue nuestra sorpresa cuando salimos a fuera y vimos que hacía un viento muy fuerte. Los tripulantes nos informaron de que se acercaba un tifón y que el gobierno para proteger a los turistas había cancelado todas las actividades en la bahía e íbamos a tener que volver a tierra antes de lo previsto. Fue una pena, porque esa mañana teníamos en nuestro itinerario una excursión a una cueva que nos apetecía mucho ver, pero viendo la fuerza que tenía el viento entendimos que era necesario volver.

Una vez de vuelta en Hanoi, aprovechamos para contratar una última excursión para el día siguiente antes de tener que volver al sur del país y dar un último paseo por esas calles caóticas pero con tanto encanto, además de ir a hacernos las uñas relajadamente a un salón de belleza vietnamita por 3€.
























El último día volvimos a madrugar para irnos a Tam Coc. Al llegar a la zona, nos dejaban coger unas bicicletas y perdernos un poco por el interior del pueblo, disfrutando de paisajes cómo arrozales gigantes, algún templo que otro y vacas, muchas vacas.
Y tras comer, nos fuimos hacia la zona del embarque, dónde había numerosas barcas, prácticamente todas dirigidas por mujeres de alta edad, que se encargan de llevar a los turistas a través del río remando con sus pies. Sí, habéis leído bien, remando con las pies. Nos dejaron impactadas, ya que algunas de esas mujeres eran realmente mayores, y las veías con toda la fuerza del mundo remando de esa forma tan peculiar.

La ruta por el río es espectacular, y totalmente recomendable. Casi no la hacemos porque pensábamos que iba a ser un poco más de lo mismo, y que el tiempo no iba a acompañar, pero lo disfrutamos muchísimo. Pasar entre esas montañas, campos de arroz, por cuevas oscurísimas y volver a salir a la luz de esos paisajes, muy muy recomendable.

Eso sí, destacar que muchísima gente hace esa excursión y que cómo todo si podéis llegar a Tam Coc por vuestro propio pie temprano y allí pagar a la mujer de la barca, será una experiencia más auténtica que llegar en manadas de excursiones organizadas.
















Regresamos a Hanoi para recoger nuestras mochilas e irnos de nuevo al aeropuerto, ya que al día siguiente se acababa nuestra aventura Vietnamita y volvíamos cada una a su casa desde Ho Chi Minh.

Aprovechamos esa mañana y que nuestro hotel estaba cerca de un mercado, para ir a comprar souvenirs, y cómo mi hermana es la persona a la que más le gusta hacer regalos del mundo, nos acabamos volviendo muy locas y llevando detallitos para todos.

La despedida en el aeropuerto fue un poco triste, pero nos fuimos felices de haber compartido un viaje tan especial, de haber disfrutado de la experiencia asiática juntas y de haber hecho nuestro primer (pero no último) viaje de hermanas.

Y aunque yo sea una pesada de las fotos y ella una loca de las guías de viaje. Somos muy iguales en muchas otras cosas, y tenemos una forma muy parecida de disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, cómo ver tu cara me suena en vietnaminta :)



Vietnam III: Hoi An

Al día siguiente de Hue nos despertamos para ir en un autobús hasta Hoi An.

Cuándo llegamos al bus nos sorprendió un montón, que en lugar de los típicos asientos normales tenía asientos litera un poco recostados. Habíamos visto varios autobuses nocturnos de esos, pero al ir a las 8 de la mañana no nos lo esperamos. Estábamos muy emocionadas con la idea y creíamos que íbamos a dormir un montón. ERROR, el autobús resultó ser una auténtica nevera, y el conductor cada 30 segundos daba un bocinazo. Y es que no sé si ya os conté, que en Vietnam, la gente conduce sin utilizar los carriles, entonces en lugar de adelantar, lo que hacen es pitar al de delante para que se aparte, TODO el rato. Súper desagradable, y más una bocina de un autobús, os podéis imaginar.
El tema del aire acondicionado lo solucionamos, gracias a que mi hermana es como una tienda 24h de estas que tienen de todo, lo mismo te saca un plátano de la mochila, como un almax, como una cinta adhesiva. Y esa fue la solución, pegamos unas hojas de libreta con la cinta adhesiva al techo y así tapamos el aire que salía como un tifón. Nuestra idea gustó tanto que varios pasajeros que nos vieron, nos pidieron si les dejábamos el material para hacer lo mismo.

LLegamos a Hoi An y qué alegría, ¡hacía sol! Nuestro hotel, fue el peor de todos los del viaje. Estaba bastante sucio y era un poco cutre, sin embargo, tenía una ubicación buenísima.

Comentaros que Hoi An es famoso por dos cosas: los sastres y los farolillos.

Y es que el pueblecito está repleto de tiendas, donde tienen varios modelos de vestidos y trajes y muchísimas telas para escoger. Tú entras, escoges un modelo ya hecho o les enseñas una foto del modelo que quieres, regateas el precio (ésto es lo que peor llevamos), porque al principio te piden el triple de lo que les cuesta hacerlo, te toman las medidas y en 3-4 horas tienes tu vestido a medida hecho.

Nosotras dimos mil vueltas, porque no sé si es por ser gallegas, o si nos viene de familia, pero somos súper indecisas, y además regateamos fatal. Yo al final me estresé y no me hice nada. Pero mi hermana se hizo dos vestidos de boda en 3 horas por 50€ los dos.

A parte de la locura de las compras hechas a medida, hay que decir que el pueblecito es precioso.

Para pasar a la zona antigua tienes que comprar un ticket (por unos 2€), que te permite entrar todas las veces que quieras al casco antiguo durante dos días y además la entrada a 5 monumentos.
No está permitido el tráfico (sólo durante un par de horas al día) lo cual se agradece un montón. Y un río con un paseo a ambos lados y varios puentes preciosos.

Lo mejor de todo, es que todas las calles están decoradas con farolillos de colores, lo cual le da un toque precioso de día, y lo vuelve mágico de noche. Pasear por las calles con todos los farolillos encendidos fue un momento genial.

Pasamos dos días en Hoi An, el primero descubriendo sus calles paseando y viendo templos.

El segundo día por la mañana fuimos a las ruinas de My Son. La que había sido una ciudad imperial durante el reinado de los Champa fue utilizada en la guerra de Vietnam como base militar y bombardeada por los americanos. El recinto se compone de varias partes algunas mucho mejor conservadas que otras e incluso en algunas zonas todavía se pueden observar los agujeros formados por las bombas. El sitio es espectacular, y nuestro guía estaba cómo una cabra, pero nos contó historias bastante interesantes y nos reímos mucho con él, un personaje en toda regla.

En Hoi An vivimos varios momentazos, como entrar en un supermercado vietnamita y ver que estaban echando "tu cara me suena" vietnamita y estaban imitando a Rosario Flores. Imaginaros nuestro ataque de risa, además de que en mi casa somos muy fans del programa, y nos pusimos a cantar y a bailar. El señor de la tiendecilla estaba encantado.
También la segunda noche, después de pasear por los puestos del mercado nocturno, nos sentamos en una terraza de un restaurante dónde estaba un chico tocando la guitarra y cantando en directo. Mientras nos tomábamos unas cervezas fresquitas empezamos a cantar todas las canciones que nos sabíamos y el chico se acabó acercando a nuestra mesa para preguntarnos de donde éramos y al decirle españolas, el muy majo se volvió a subir al escenario y nos cantó (en un perfecto spanish) la canción de "bandolero" de Antonio Banderas. Conclusión, nosotras cantando como locas el "ay ay ay ay, ay mi amor, ay mi morena de mi corazón" y todo el restaurante mirándonos con cara rara.

Además otra de las cosas que nos encantó en Hoi An fue la comida. Y es que en esa zona tienen un plato típico que se llama "white rose" (rosa blanca) que consiste en una gamba envuelta en papel de arroz, y cebolla crujiente con una salsa buenísima. Fue sin duda nuestro plato favorito, yo diría que de todo el viaje.

Hoi An fue un descanso en nuestro viaje, el clima mejoró, el tráfico se calmó, y pudimos disfrutar de dos días de paz. Creo que casi casi podríamos decir que fue el sitio que más nos gustó de Vietnam, o por lo menos situarlo en el top 3.