Al día siguiente de Hue nos despertamos para ir en un autobús hasta Hoi An.
Cuándo llegamos al bus nos sorprendió un montón, que en lugar de los típicos asientos normales tenía asientos litera un poco recostados. Habíamos visto varios autobuses nocturnos de esos, pero al ir a las 8 de la mañana no nos lo esperamos. Estábamos muy emocionadas con la idea y creíamos que íbamos a dormir un montón. ERROR, el autobús resultó ser una auténtica nevera, y el conductor cada 30 segundos daba un bocinazo. Y es que no sé si ya os conté, que en Vietnam, la gente conduce sin utilizar los carriles, entonces en lugar de adelantar, lo que hacen es pitar al de delante para que se aparte, TODO el rato. Súper desagradable, y más una bocina de un autobús, os podéis imaginar.
El tema del aire acondicionado lo solucionamos, gracias a que mi hermana es como una tienda 24h de estas que tienen de todo, lo mismo te saca un plátano de la mochila, como un almax, como una cinta adhesiva. Y esa fue la solución, pegamos unas hojas de libreta con la cinta adhesiva al techo y así tapamos el aire que salía como un tifón. Nuestra idea gustó tanto que varios pasajeros que nos vieron, nos pidieron si les dejábamos el material para hacer lo mismo.
LLegamos a Hoi An y qué alegría, ¡hacía sol! Nuestro hotel, fue el peor de todos los del viaje. Estaba bastante sucio y era un poco cutre, sin embargo, tenía una ubicación buenísima.
Comentaros que Hoi An es famoso por dos cosas: los sastres y los farolillos.
Y es que el pueblecito está repleto de tiendas, donde tienen varios modelos de vestidos y trajes y muchísimas telas para escoger. Tú entras, escoges un modelo ya hecho o les enseñas una foto del modelo que quieres, regateas el precio (ésto es lo que peor llevamos), porque al principio te piden el triple de lo que les cuesta hacerlo, te toman las medidas y en 3-4 horas tienes tu vestido a medida hecho.
Nosotras dimos mil vueltas, porque no sé si es por ser gallegas, o si nos viene de familia, pero somos súper indecisas, y además regateamos fatal. Yo al final me estresé y no me hice nada. Pero mi hermana se hizo dos vestidos de boda en 3 horas por 50€ los dos.
A parte de la locura de las compras hechas a medida, hay que decir que el pueblecito es precioso.
Para pasar a la zona antigua tienes que comprar un ticket (por unos 2€), que te permite entrar todas las veces que quieras al casco antiguo durante dos días y además la entrada a 5 monumentos.
No está permitido el tráfico (sólo durante un par de horas al día) lo cual se agradece un montón. Y un río con un paseo a ambos lados y varios puentes preciosos.
Lo mejor de todo, es que todas las calles están decoradas con farolillos de colores, lo cual le da un toque precioso de día, y lo vuelve mágico de noche. Pasear por las calles con todos los farolillos encendidos fue un momento genial.
Pasamos dos días en Hoi An, el primero descubriendo sus calles paseando y viendo templos.
El segundo día por la mañana fuimos a las ruinas de My Son. La que había sido una ciudad imperial durante el reinado de los Champa fue utilizada en la guerra de Vietnam como base militar y bombardeada por los americanos. El recinto se compone de varias partes algunas mucho mejor conservadas que otras e incluso en algunas zonas todavía se pueden observar los agujeros formados por las bombas. El sitio es espectacular, y nuestro guía estaba cómo una cabra, pero nos contó historias bastante interesantes y nos reímos mucho con él, un personaje en toda regla.
En Hoi An vivimos varios momentazos, como entrar en un supermercado vietnamita y ver que estaban echando "tu cara me suena" vietnamita y estaban imitando a Rosario Flores. Imaginaros nuestro ataque de risa, además de que en mi casa somos muy fans del programa, y nos pusimos a cantar y a bailar. El señor de la tiendecilla estaba encantado.
También la segunda noche, después de pasear por los puestos del mercado nocturno, nos sentamos en una terraza de un restaurante dónde estaba un chico tocando la guitarra y cantando en directo. Mientras nos tomábamos unas cervezas fresquitas empezamos a cantar todas las canciones que nos sabíamos y el chico se acabó acercando a nuestra mesa para preguntarnos de donde éramos y al decirle españolas, el muy majo se volvió a subir al escenario y nos cantó (en un perfecto spanish) la canción de "bandolero" de Antonio Banderas. Conclusión, nosotras cantando como locas el "ay ay ay ay, ay mi amor, ay mi morena de mi corazón" y todo el restaurante mirándonos con cara rara.
Además otra de las cosas que nos encantó en Hoi An fue la comida. Y es que en esa zona tienen un plato típico que se llama "white rose" (rosa blanca) que consiste en una gamba envuelta en papel de arroz, y cebolla crujiente con una salsa buenísima. Fue sin duda nuestro plato favorito, yo diría que de todo el viaje.
Hoi An fue un descanso en nuestro viaje, el clima mejoró, el tráfico se calmó, y pudimos disfrutar de dos días de paz. Creo que casi casi podríamos decir que fue el sitio que más nos gustó de Vietnam, o por lo menos situarlo en el top 3.

















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