Empezamos la aventura cogiendo un taxi y adentrándonos en el caos de las carreteras asiáticas.
Miles de motos, bocinas y múltiples "casi" accidentes. Y es que no deja de asombrarme lo bien que se entienden entre ellos para conducir. Porque aunque parezca todo un jaleo y un desastre, no vimos ningún altercado en los 10 días.
Nuestro hotel estaba muy cerca del mercado "Benthanh Market"y fue lo primero que vimos. Un mercado gigante lleno de puestecitos de todo tipo: ropa, souvenirs, telas, café, té, especias... ¡DE TODO! Además de una parte de carne, pescados y fruta (que no olía especialmente bien). Nos estresamos un poco, porque los vendedores te cogían y te pedían todo el tiempo que comprases cosas. Fue entrar de pleno en el caos y locura del país.
De ahí nos fuimos a ver el Ayuntamiento y la Ópera, edificios que, personalmente, a mi me pegaban mucho más con una ciudad europea. Pero es que al parecer, Vietnam es un país que ha estado conquistado por los chinos y los franceses durante muchos años. Se puede notar la influencia de estos dos países por todas partes, y especialmente en Ho Chi Mingh, se pueden ver edificios que podrían ser perfectamente los de una calle parisina.
Fue un día muy diverso, visitamos la catedral, un templo musulmán, uno hindú y otro budista. Todos diferentes, pero cada uno con una esencia muy bonita, y una cualidad que nos encantó, y es que a pesar de estar en medio de la ciudad, con todo el ruido, nada más entrar puedes notar una paz y tranquilidad inmensas.
Después de comer empezó el chaparrón... Y estrenamos la que sería posteriormente nuestra prenda más usada. Un súper chubasquero combinado con un gorro vietnamita que nos compramos en el mercado. El look lluvia era total, pero fue lo que nos hizo que pudiésemos seguir pateando por la ciudad, y ver como se hacía más bonita incluso de noche.
Otra cosa a destacar de Ho Chi Mingh, era a la hora de cruzar la calle. Tardábamos un montón en ver el momento adecuado y siempre nos dábamos la manita del miedo que teníamos. Bastante ridículas, sí. Pero te consolaba ver que todo occidental hacía exactamente lo mismo.





El segundo día, nos fuimos a una excursión, que habíamos contratado el día anterior en una de las agencias de la ciudad, al Delta del Mekong. Paramos antes en una zona de templos, donde se podían ver tres budas enormes (el feliz, el acostado y el de pie) y de ahí a la zona del río Mekong. Visitamos 3 islas, en una de ellas vimos una fábrica de coco dónde hacían todo tipo de productos, en otra comimos y pudimos recorrer la isla en bicicleta y en la última fue en la que accedimos a la zona del delta.
Allí nos esperaban unas señoras en unas barcas. Son casi siempre mujeres las que te llevan a lo largo del delta. El paisaje era increíble, e incluso vimos a unos locales tirando a cerditos al río (lo cual nos dio un poco de pena)
La experiencia estuvo bien, pero he de decir, que no soy nada fan de coger excursiones tan programadas. Te llevan a muchos sitios en poco tiempo, y todo el rato tienes que estar pendiente de la hora para volver al autobús.
Si tuviese que volver a hacerlo intentaría llegar a la zona del delta por mi cuenta y pagar allí a las señoras para que nos llevasen por sitios donde no hubiese tanta gente.
















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