Y por fin, ¡ya estoy aquí! De momento la primera impresión es muy pero que muy buena.
Después de las amargas despedidas llegó la hora de enfrentarme a algo que me producía mucha curiosidad... ¡EL AVIÓN!
Siempre he hecho viajes cortos, volando en compañías de bajo coste, con aviones que parecían de juguete y unos asientos en los que tenías que llevar las piernas encogidas al máximo... Esta vez iba a ser diferente, pero sobre todo esta vez iban a ser muuuuuchas horas y tenía muchísima curiosidad por ver como lo iba a llevar.
El primer trayecto Madrid-AbuDhabi duró siete horas y cuarto aproximadamente.
Nada más entrar en el avión ya se podía notar las diferencias a lo que yo estaba acostumbrada. Y a pesar de que fui preparadísima con un "Kit para viajes largos" que me hizo mi mejor amiga (con tapones, antifaz, almohadilla, crucigramas y demás), en el propio avión te daban de todo.
Incluido la comida, que aunque no fuese una delicatesen por lo menos servía para quitarte el gusanillo y el aburrimiento.
En el camino vi una peli, varios capítulos de Modern Family y dormí unas 3 horas, con lo cual casi ni me enteré del vuelo.
Al llegar a Abu-Dhabi aproveché las dos horas de escala para estirar las piernas y el cuerpo lo máximo posible y de nuevo a otro avión, esta vez 14 horas...
Y aunque pueda parecer imposible, se me pasó volando y nunca mejor dicho... Fue subir al avión y dormirme antes de despegar, me tuvieron que despertar los chicos que viajaban al lado las dos veces que trajeron la comida, y era acabar de comer y volver a dormirme. Se quedaron fascinados con mi facilidad para dormir e incluso me preguntaron si me había tomado alguna pastilla o si era así por naturaleza y me felicitaron y todo.
Me desperté del todo cuando quedaban sólo 4 horas de vuelo, entonces fue ponerme otra peli, leer un rato, hacer un par de sopas de letras y ya estábamos iniciando el aterrizaje cuando por la ventana se asomaba esta increíble vista.
Se me pusieron los pelos de punta. Ver la Opera House desde las alturas, todos los edificios altos del distrito financiero, todo ese agua por todas partes... No podía tener más ganas de pisar suelo sólo para empezar a conocerlo todo.
Y mientras volaba no paraba de pensar que estaba cruzando todo el mundo para llegar a la otra punta dispuesta a empezar una nueva experiencia... y ¿sabéis qué? No podía dejar de sonreír mientras lo pensaba.
Y ahora... YA ESTOY AQUÍ



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