viernes, 26 de febrero de 2016

Primeras impresiones

Nada más llegar al aeropuerto de Sydney pude notar una maravillosa sensación de calor abrasante... Siempre he soportado mucho mejor el calor que el frío, y tras tres meses en Coruña con un tiempo de perros no podía apetecerme más sentir esa temperatura.

Allí ya me estaba esperando la chica que conocía y nos fuimos directas a coger el metro (aquí simplemente le llaman tren, ni underground, ni subway, ni nada... tren). Ella ya me había comprado la tarjeta "Opal" que sirve para moverte tanto en bus como tren y el viaje desde el aeropuerto nos costó unos 15$.

En tres paradas llegamos a la "estación central" y de ahí en 5 minutos caminando a la casa donde voy a quedarme hasta el día 12 de marzo, ya que coincidió que esta chica se marcha a Bali el 28 de febrero y no vuelve hasta ese día y como por aquí es muy típico alquilar las habitaciones cuando te vas de vacaciones (por esto de que se pagan por semanas) ¿quién mejor para alquilársela que yo?
Además así tengo la tranquilidad de tener un sitio donde quedarme mientras busco trabajo y demás...

Ya solo el camino de la estación a casa me pareció fascinante. Viven en una de las avenidas principales del centro "George Street" una calle enorme, llena de luces, restaurantes, tiendas, bancos... Está rodeada de edificios altísimos y al lado del barrio chino con lo cual se puede notar totalmente la influencia asiática en todo el ambiente.

Estaba fascinada y solo llevaba media hora en el país... (hablando con los pies en la tierra). La primera sensación había sido buenísima, la casa me pareció preciosa y son solo 3 viviendo allí con lo cual está genial.

Y a pesar de haber llevado tan bien el viaje del avión hubo algo de lo que no me libré... el ¡JET LAG!
Como ya dije antes, nunca había hecho un viaje tan largo, y no sabía a que me enfrentaba con eso del jet lag. Estuve cansadísima todo el domingo, lunes y parte del martes... De repente me entraba un sueño horrible y se me cerraban los ojos. Pero parece que ya se me está acostumbrando el cuerpo y ya me voy adaptando al horario de las antípodas.

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