En cuanto se despertó todo el mundo fuimos a desayunar y a un mercadillo que hay al lado de casa.
Se llama Paddy's Market y abre de miércoles a domingo y allí puedes encontrar absolutamente de todo, desde ropa, cosas de electrónica, mochilas, disfraces... ¡de todo!
Y tiene una parte que es de frutas y hortalizas muy baratas para lo que es el precio de la comida en Sydney, por unos 7 dólares pude comprar manzanas, plátanos, tomates, ciruelas y aguacates, una ganga.
Justo en frente de una de las salidas del mercado se encuentra la entrada al barrio chino, que he de decir que me decepcionó un poco, ya que es sólo una calle y muy pequeña, nada que ver con el chinatown de Londres.
Y como ya dije anteriormente, de repente, por la tarde me entró un sueño horrible, se me cerraban los ojos y tenía el cuerpo completamente cansado y es que claro, a esas horas en España estaría durmiendo y parecía que mi cuerpo no quería entender que en Sydney tocaba estar despierta...
Tras una siestecilla subimos a la piscina, porque sí, una de las cosas más maravillosa que tiene la casa de estos chicos, es que tienen una piscina en la azotea con vistas a todo el distrito financiero.
¿Qué más podía pedir para mi primer día en esta nueva ciudad?






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