Después de dos noches en Railay nos tocaba hacer de nuevo
las mochilas y marcharnos en ferry hasta las islas Phi Phi.
Llegamos un poco
tarde y ese día solo nos dio tiempo de ver la playa principal y subir hasta
otro mirador a ver la puesta de sol desde allí.
Nada más llegar vimos el tipo de ambiente que tenían estas
islas y no nos gustó nada. Era como estar en la parte guiri de Ibiza.
Casi todo era gente joven con muchas ganas de fiesta. Había
muchos locales ingleses con hot dogs y hamburguesas, vendían alcohol en cubos
de playa por todas partes, muchas tiendas para hacerse tatuajes (nunca se me
hubiese ocurrido que sería un negocio complementario al mundo de la fiesta,
sales de la discoteca con tus amigos y ¿qué mejor idea que hacerse un tatoo de
madrugada?) Había música y fiestas en piscinas por todas partes y para ser
sinceros nosotros no íbamos con esa idea… Nos apetecía conocer un país salvaje,
tropical, diferente… no encontrarnos lo que podríamos ver cualquier noche en
Benidorm.
El segundo día allí madrugamos un montón para coger otro
long tail boat que nos llevaría a hacer una excursión privada a la isla Phi Phi
Leh, que es allí donde se encontraba Maya Beach, la famosa playa de la película
“La Playa” y otros lugares mágicos más.
Pensamos que tendríamos la suerte que tuvimos en Railay y al
ir tan temprano no veríamos casi gente. Nos equivocamos por completo, se ve que
todo el mundo tuvo la misma idea que nosotros y ya había muchas personas cuando
llegamos a las 8 de la mañana. El viaje en la barquita fue genial, había un
poco de oleaje y nos salpicamos un montón en el trayecto.
El momento de entrar en Maya Beach fue espectacular, ya que
se abre un espacio entre dos rocas enormes y ahí se encuentra recogida la playa.
Estuvimos un rato sacando fotos y fuimos a otro mirador pequeño que había en la
parte de detrás de la playa.
Después de ahí fuimos a hacer snorkelling a una zona
impresionante. Además íbamos muy bien preparados, ya que teníamos pan bimbo, y
fue una idea grandiosa. Tirábamos un trozo y de repente aparecían cientos de
pececillos de colores preciosos. Te rodeaban todo el cuerpo, e incluso alguno
intentaba comerse la cámara. Nunca había visto tantos peces ni tan bonitos. Incluso
vimos un pez trompeta. Fue genial.
De eso nos fuimos a una laguna que también cortaba la
respiración. De pronto en medio de la nada, rodeada por tres montañas grandes, llegabas
a un mar en calma dónde incluso hacías pie en algunas zonas… y miraras donde
mirases el paisaje te dejaba boquiabierto…
Al acabar las excursiones, decidimos volver a la playa
principal y alquilar un kayak para ir hasta la “Monkey Beach” que como su
nombre indica es una playa llena de monos. Al llegar dejamos el kayak con una
mochila especial que nos habían dado para que no se nos mojasen las cosas, en
la orilla, y rápidamente tres monitos vinieron corriendo a intentar abrirla.
Esos monos están acostumbrados a que lleguen turistas y les
den de comer, y como tengas algo de comida, no dudan en abalanzarse sobre ti y quitártela.
La playa era preciosa, arena súper fina y blanquita,
columpios hechos con ramas colgando de los árboles, y el color del mar era tan
azul que parecía de mentira. El típico fondo de pantalla de un ordenador.
Además también pudimos disfrutar de un rato en que la playa se quedó vacía y
por un momento fuimos sólo nosotros, el kayak y los monos.
Al devolver el kayak tras dos horas, nos dimos cuenta de que
nos habíamos achicharrado. Y es que también ¿a quien se le ocurre coger un
kayak y estar en medio del mar al mediodía que es cuando el sol más aprieta…? Pues
a nosotros.
Esa noche, después de cenar, encontramos entre todos los
locales de guiris, uno de los sitios como los que nos gustan a nosotros, con
música en directo. Y pudimos disfrutar también de unas cervezas a ritmo de
reagee.
La siguiente mañana también nos tocó madrugar, esta vez para
irnos en ferry hasta Phuket. En un principio Phuket no entraba en nuestro
itinerario de viaje, y el plan inicial era pasar los últimos dos días en la
zona de Koh Lanta haciendo excursiones por las cuatro islas, pero eso implicaba
luego un poco de lío con la vuelta al aeropuerto el último día, así que
finalmente optamos por pasar las últimas dos noches en Phuket y volar desde
allí directamente a Bangkok.
El motivo por el que no queríamos ir a esta isla, es porque
habíamos oído que era muy turística, y después de la desilusión de las Phi Phi,
nos apetecía volver a ver algo auténtico. Sin embargo, investigando un poco
vimos que decían que en Phuket había una parte que era menos turística y más
tranquila en la playa de Khata, y para allí nos fuimos.
Al llegar investigamos un poco las playas más cercanas y
alucinamos con el oleaje que había. Apenas pudimos bañarnos, ya que eran
enormes, rompían con muchísima fuerza y muy cerca de la orilla, además de la
corriente que había. Y ya que habíamos llegado hasta ahí sin ningún incidente,
preferimos no arriesgar, y pasar la tarde jugando al frisbee que era mucho más
seguro.
Por la noche después de cenar, queríamos ir a tomar algo y
nos metimos en una zona que tenía muy buena pinta, pero para nuestra sorpresa,
estaba toda llena de prostitutas. Era una barbaridad, todos los chiringuitos
llenos de chicas o lady boys (algo muy común y natural en Tailandia) súper
arregladas, llamando a todos los turistas para que entrasen a los bares.
Al día siguiente, nuestro último día antes de volver a Bangkok,
decidimos coger una moto, ya que las distancias en Phuket son largas, y todo el
mundo va en moto a todas partes. Alquilarla nos costó 6 euros todo el día, y
cada cinco minutos en la carretera podías ver puestecitos en los que vendían
botes de cristal llenos de gasolina. Fuimos por la costa pasando por diferentes
playas que habíamos leído que estaban muy bien.
Llegamos a la parte de Patong, que era la zona más
turística, y se podía notar por la cantidad de hoteles y por tener 3 Mcdonals y
Starbucks en una misma calle. Sin embargo pudimos notar que era un turismo
diferente a Phi Phi, eran turistas en su mayoría rusos, y tanto los hoteles,
como los restaurantes se veían que estaban preparados para gente con dinero.
De ahí seguimos hasta Surin Beach que era una de las playas
más tranquilas que recomendaban por internet. Al llegar volvimos a encontrarnos
con el problema del oleaje, pero aprovechamos para comer allí en un puestecito callejero
en el que te daban una esterilla y mesita para comer en la playa a la sombra de
los árboles.
Por la tarde nos acercamos hasta la playa de Kamala, y ahí
nos quedamos. Qué playa tan bonita, la temperatura del agua era perfecta, y a
pesar de que había olas grandes, no rompían con la agresividad de las otras
playas que habíamos visto. Lo pasamos pipa cogiendo esas olas y casi no salimos
del agua en toda la tarde. Fue un último día de playa genial.
En tres palabras nuestra percepción de Phi Phi sería: Ibiza, buceo e insolación y de Phuket: motos, oleaje y puticlubs
(moto familiar, válida hasta para 4 personas)
(comida a pie de playa, langostinos 3 euros)
(Kamala Beach)
En tres palabras nuestra percepción de Phi Phi sería: Ibiza, buceo e insolación y de Phuket: motos, oleaje y puticlubs




































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