Sobre las 7 y media de la tarde nos subíamos al tren que nos
iba a llevar desde Ayutthaya hasta Chiang Mai. Era un tren nocturno con camitas
individuales y la verdad que nos pareció comodísimo. A pesar de despertarnos varias veces de
noche, por lo rápido que iba el tren, se nos pasaron volando las casi 12 horas
de viaje.
Quizás la única cosa de la que me arrepiento es de cómo
organizamos el viaje a Chiang Mai, más bien
de cómo nos lo organizaron, ya que en Bangkok, tras uno de los viajes en
tuc-tuc nos llevaron a una agencia de turismo (lo hacen siempre con los turistas
y las agencias les dan comisión) y allí nos ofrecieron el billete del tren
nocturno más el hotel en la ciudad por un precio que nos pareció razonable.
Básicamente, nos dejamos liar, por quitarnos el trabajo de tener que ir a la
estación a sacar el billete nosotros mismos, pero sé que hubiésemos encontrado
un hotel mucho mejor que en el que estuvimos, y nos hubiese salido más barato
si lo hubiésemos buscado nosotros. Pero que se le va a hacer, en el momento
tomamos esa decisión y aprendimos que siempre siempre lo íbamos a mirar todo
por nuestra cuenta.
Lo dicho, llegamos al cutre-hotel lleno de mochileros con
ganas de liarla parda en la piscina todo el rato, y tras descansar un poco nos
fuimos a explorar la ciudad. Nos sorprendió muchísimo que cada cinco minutos
andando nos encontrábamos un templo, cada cual más bonito. Había tantos que ni
la mitad aparecían en el mapa turístico con el que nos íbamos guiando.
Nuestro favorito fue el “Wat Prah Sing” donde justo
coincidió que había un montón de monjes budistas dentro rezando. Fue
impresionante verlos a todos sentados en el suelo en frente a la imagen de Buda
hablando todos a la vez en un idioma que no entendíamos.
Tuvimos la suerte de llegar a Chiang Mai en domingo, día en
el que hay un mercadillo nocturno y varias calles se llenan de puestecitos con
millones de cosas, artesanía, ropa, comida, tecnología, souvenirs, DE TODO! Qué
decir, nos volvimos locos, muy locos. Queríamos comprarlo todo, porque era todo
tan bonito y tan barato… se nos fue un poco de las manos (a uno que yo me sé
más que a mi…) pero disfrutamos el mercadillo como enanos.
El segundo día lo dedicamos a ir a Chiang Rai, que está a
una hora y media de donde nos encontrábamos. Allí lo principal que íbamos a ver
era el templo blanco. ¡Y qué maravilla! Sin ninguna duda, es el templo más
bonito y especial de todos los que hemos visto. La belleza de ese lugar no se
puede explicar con palabras, y no creo ni que se pueda apreciar en las fotos.
Era la manera en la que el templo brillaba con el sol, el resplandor del material
con el que está hecho, es simplemente impresionante…
Sobraban los cientos de chinos con sus palos selfies de
última generación acaparando cada rincón de ese precioso lugar, pero que
podíamos hacer, ellos también tienen derecho a irse de vacaciones… jajajaja
El último día que pasamos en Chiang Mai fuimos a descubrir
otra cascada y con una excursión a hacer bambú rafting… No estuvo mal, pero
después de ver cosas maravillosas todos los días, simplemente esto no nos
destacó mucho.
Esa misma noche fuimos hasta el night bazar, que siempre
está abierto, y aunque era mucho más pequeño que el mercadillo donde habíamos
estado el domingo, nos pareció bastante grande y también lleno de muchas
tentaciones. Como no sucumbimos al consumismo, y nos compramos unos pantalones
a juego muy hippies, fresquitos y comodísimos.
Al mediodía del día siguiente nos marchamos al aeropuerto,
ya que desde allí cogíamos un avión a Krabi a pasar la segunda parte del viaje
de relax en las islas. ¡Qué ganas teníamos ya a esas alturas de ver playas
paradisíacas y relajarnos un poquito al sol!
Comentar que me sorprendió mucho de Chiang Mai que está
lleno de lavanderías express, se ve que la mayoría de los mochileros organizan
el viaje de la misma forma, y Chiang Mai debe de ser el lugar al que todos
llegamos cuando ya no nos queda más ropa interior limpia.






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