miércoles, 1 de junio de 2016

Tailandia parte 3: Chiang Mai y Chiang Rai

Sobre las 7 y media de la tarde nos subíamos al tren que nos iba a llevar desde Ayutthaya hasta Chiang Mai. Era un tren nocturno con camitas individuales y la verdad que nos pareció comodísimo.  A pesar de despertarnos varias veces de noche, por lo rápido que iba el tren, se nos pasaron volando las casi 12 horas de viaje.

Quizás la única cosa de la que me arrepiento es de cómo organizamos el viaje a Chiang Mai, más bien  de cómo nos lo organizaron, ya que en Bangkok, tras uno de los viajes en tuc-tuc nos llevaron a una agencia de turismo (lo hacen siempre con los turistas y las agencias les dan comisión) y allí nos ofrecieron el billete del tren nocturno más el hotel en la ciudad por un precio que nos pareció razonable. Básicamente, nos dejamos liar, por quitarnos el trabajo de tener que ir a la estación a sacar el billete nosotros mismos, pero sé que hubiésemos encontrado un hotel mucho mejor que en el que estuvimos, y nos hubiese salido más barato si lo hubiésemos buscado nosotros. Pero que se le va a hacer, en el momento tomamos esa decisión y aprendimos que siempre siempre lo íbamos a mirar todo por nuestra cuenta.

Lo dicho, llegamos al cutre-hotel lleno de mochileros con ganas de liarla parda en la piscina todo el rato, y tras descansar un poco nos fuimos a explorar la ciudad. Nos sorprendió muchísimo que cada cinco minutos andando nos encontrábamos un templo, cada cual más bonito. Había tantos que ni la mitad aparecían en el mapa turístico con el que nos íbamos guiando.
Nuestro favorito fue el “Wat Prah Sing” donde justo coincidió que había un montón de monjes budistas dentro rezando. Fue impresionante verlos a todos sentados en el suelo en frente a la imagen de Buda hablando todos a la vez en un idioma que no entendíamos.

Tuvimos la suerte de llegar a Chiang Mai en domingo, día en el que hay un mercadillo nocturno y varias calles se llenan de puestecitos con millones de cosas, artesanía, ropa, comida, tecnología, souvenirs, DE TODO! Qué decir, nos volvimos locos, muy locos. Queríamos comprarlo todo, porque era todo tan bonito y tan barato… se nos fue un poco de las manos (a uno que yo me sé más que a mi…) pero disfrutamos el mercadillo como enanos.

El segundo día lo dedicamos a ir a Chiang Rai, que está a una hora y media de donde nos encontrábamos. Allí lo principal que íbamos a ver era el templo blanco. ¡Y qué maravilla! Sin ninguna duda, es el templo más bonito y especial de todos los que hemos visto. La belleza de ese lugar no se puede explicar con palabras, y no creo ni que se pueda apreciar en las fotos. Era la manera en la que el templo brillaba con el sol, el resplandor del material con el que está hecho, es simplemente impresionante…

Sobraban los cientos de chinos con sus palos selfies de última generación acaparando cada rincón de ese precioso lugar, pero que podíamos hacer, ellos también tienen derecho a irse de vacaciones… jajajaja

El último día que pasamos en Chiang Mai fuimos a descubrir otra cascada y con una excursión a hacer bambú rafting… No estuvo mal, pero después de ver cosas maravillosas todos los días, simplemente esto no nos destacó mucho.

Esa misma noche fuimos hasta el night bazar, que siempre está abierto, y aunque era mucho más pequeño que el mercadillo donde habíamos estado el domingo, nos pareció bastante grande y también lleno de muchas tentaciones. Como no sucumbimos al consumismo, y nos compramos unos pantalones a juego muy hippies, fresquitos y comodísimos.

Al mediodía del día siguiente nos marchamos al aeropuerto, ya que desde allí cogíamos un avión a Krabi a pasar la segunda parte del viaje de relax en las islas. ¡Qué ganas teníamos ya a esas alturas de ver playas paradisíacas y relajarnos un poquito al sol!

Comentar que me sorprendió mucho de Chiang Mai que está lleno de lavanderías express, se ve que la mayoría de los mochileros organizan el viaje de la misma forma, y Chiang Mai debe de ser el lugar al que todos llegamos cuando ya no nos queda más ropa interior limpia.


Concluyendo, las tres palabras con las que nos quedamos con Chiang Mai son: templos, mercadillos y colada.










 





























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