Una vez más, cogiendo el ferry que tanto me gusta, se llega a Watsons Bay, una de esas múltiples bahías con muchísimo encanto.
Para empezar, nada más bajar del ferry tienes una playita pequeña desde la que se ven todos los edificios de la ciudad. Si continuas andando llegas a otras playas mucho más recogidas e incluso hay una playa nudista.
Hay un camino que lleva a un faro precioso en un acantilado con un paisaje increíble.
Además de los acantilados, hay un parque enorme desde el que de nuevo se ve toda la ciudad y un bar al lado del muelle donde se coge el ferry con muy buena pinta para tomarse algo.
Sin duda, este va a ser uno de los sitios donde vaya a pasar muchos de los días de verano.








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